Recuerdos imborrables de mi estancia en el Hospital Clínico de San Carlos

LA PESETA   Resultado de ser un buen guía.

            Una tarde, estando de guardia en el hospital me encontraba esperando uno de los ascensores y se me acercó un matrimonio, de pueblo, muy mayores, parecían desorientados pues llevaban tiempo dando vueltas. Me preguntaron por un determinado departamento donde tenían ingresado a un pariente. Al ver que no se defendían bien les subí a la planta correspondiente  y les acompañé hasta la habitación. La viejecita se despidió dándome las gracias, con un beso en la mejilla, mientras con discreción deslizaba en mi mano “una peseta”.

            Es la “propina” que he conservado con mas cariño durante todos estos años.

            

MANERA PARTICULAR DE PASAR LA VISITA

            Solía ir muy temprano al hospital y lo primero que hacía era pasarme por las salas de seis camas donde estaban los pacientes que yo tenía asignados, “Cirugía General”. Un curso sala de hombres,  al siguiente sala de mujeres.

            El aparecer tan temprano me daba la ventaja de pillarlos desprevenidos, recién despertados, cuando mejor se sinceraban. No solo de sus problemas dolencias   sino de las de los demás.

            Doctor; fulano no nos ha dejado dormir, toda la noche tosiendo. Mengano se ha quejado de dolores en la tripa y ha vomitado dos veces. A zutano le han tenido que poner un calmante a las cuatro de la mañana.

            De esta manera me iba haciendo una idea de la evolución de la sala en general y de cada uno de los enfermos en particular. Era una información muy valiosa para después, cuando pasábamos la visita formal con el jefe.

            Después de la visita oficial y antes de irme a casa volvía a la sala y me sentaba a los pies de alguna cama y charlábamos, tanto sobre las cosas de actualidad como sobre cosas banales.

 

EL MECHERO: Resultado de la charla sobre lo perjudicial que era el tabaco.

            Se trata de un Zippo, color aluminio, de esos que tienen una tapa muy grande.

            Paso visita en la sala de hombres y un paciente recién operado de un cáncer de pulmón al que voy a dar el alta alarga la mano y me entrega el mechero a la vez que me dice: "Es el mechero que me regaló mi padre cuando empecé a fumar".

  

Doctor, como le he visto fumar en la cafetería, quiero que lo tenga como recuerdo mío…. Yo ya no lo voy a necesitar….

 

LA NAVAJA: Consecuencia de las conversaciones sobre la vida en el  campo, la caza, etc.

            Paciente natural de la provincia de Albacete, dedicado a la cuchillería, operado del estómago, buena evolución y se va de alta.

            A los pocos días recibo un paquete que contiene una preciosa navaja y una carta manuscrita.

            Me agradece las atenciones recibidas y quiere que cada vez que vaya de caza y saque el taco de pan con el queso o el jamón, utilice en su memoria la navaja. O a la inversa, que cada vez que utilice la navaja tenga un recuerdo para él. 

 EL JERSEY:  Consecuencia de mis visitas a la sala de mujeres, las tardes en que estaba de guardia en el hospital.

            Me las encontraba, a  unas de charleta, otras leyendo las revistas de modas.

           Una de las pacientes siempre estaba haciendo punto y yo unas veces le preguntaba si eso era punto de arroz, otras si estaba haciendo un elástico, la sisa o el escote.

A ella le encantaba mantenerme informado de los avances de su obra.

           Llevaba varios días con la misma tarea y cuando la terminó me la presento para que yo le diera mi aprobación. Un jersey precioso a cuadros amarillos y negros.

Tenga, para usted.

Me lo probé y me sentaba estupendamente.

De verme todos los días se sabía mis medidas a la perfección sin haberme hecho ninguna prueba.

 

EL ZORRO Y LA PERDIZ: Consecuencia de mis conversaciones sobre la caza.

            Mujer mayor, natural de Los Yébenes. Territorio de caza en los Montes de Toledo.

            Tenga Doctor, de parte de mi hijo que se dedica a la taxidermia.

 

Y ahí me ves a mí paseando por todo el hospital, en dirección al aparcamiento donde tengo el coche, con un zorro y una perdiz disecados, debajo del brazo.

 

LOS ICONOS DE SAN ISIDORO Y SAN MARCOS EVANGELISTA: Consecuencia de mis conversaciones con una mujer muy religiosa.

             Me dice que uno de sus hijos se dedica fabricar iconos al estilo de los de la iglesia oriental y me regala dos preciosos iconos que representan, uno a San Marcos y el otro a San Isidoro, para que me protejan y me den sabiduría para curar a los enfermos.

            Que Dios se lo pague porque estoy muy falto de ello.